Volvió a preguntar lo mismo a otro trabajador, Ah! “Solo trato de ganar el pan de mis hijos” contestó. De nuevo se acercó a un tercer obrero al cual volvió a preguntar lo mismo. Este secándose el sudor de su frente le respondió:
“Estoy transpirando como un condenado”
El letrado se acercó al cuarto y último de ellos y ante la misma pregunta, éste, con una mirada de satisfacción le contestó: “Estoy construyendo los cimientos de una Catedral”.
Era evidente que cada uno de ellos mantenía una actitud diferente hacia el trabajo que realizaban.
Esta anécdota nos muestra una realidad y es que la educación que recibimos cada uno, nos predispone para afrontar con diferente actitud los problemas de la vida.
“Trabajemos nuestras actitudes, ellas se convertirán en hábitos. Vigilemos nuestros hábitos, ellos modelarán nuestro carácter; desarrollemos nuestro carácter, este será nuestro destino”.
Cuando comencé a dedicar un poco de mi tiempo a ayudar a los niños más desfavorecidos, de esto hace ya 15 años, nunca pensé que sería tan aleccionador y edificante. No tan solo por los países que puedo visitar, sino por el privilegio que supone conocer a personas que toman diferentes actitudes ante las mismas situaciones y eso es edificante para mi propia experiencia.
¡La historia de Víctor me marcó! Habíamos conseguido construir un edificio de escuelas para los indígenas que quisieran venir a estudiar a ella, en el Chaco Paraguayo.
En la zona existen familias pobres que no tenían ni agua ni luz, poco a poco los niños de la zona fueron viniendo a la escuela pues no había otra en muchos Kilómetros a la redonda. Nuestras dos profesoras enseñaban en el idioma guaraní que se habla en toda la región del Chaco y es hablado prácticamente por todos los paraguayos.
Nos habían hablado de una señora mayor que vivía en una casa de madera y plásticos junto a un camino polvoriento en el interior de una zona de bosque.
Estaban viviendo con ella sus cuatro nietos, y víctor era el mayor de ellos con apenas 11 años. La situación de esta mujer, muy pobre, sin recursos ni entradas de ningún tipo, era dramática, apenas podía sostenerse a sí misma. Nos dijeron de ir a buscar a dos hermanitos para llevarlos a la escuela y Víctor era uno de ellos.
Los cuatro niños, hasta hacía poco tiempo, habían vivido con sus padres, pero un día el papá, entró borracho a la casa y mató a la mamá en presencia de Víctor, la policía se lo llevó a la cárcel y los niños quedaron desatendidos y con un hogar destruido.
Cuando fuimos a recogerlos a la casita de la abuela materna, la mirada de Víctor era de odio y perdida en la tristeza más profunda. Al llegar al pequeño hogar de la escuela, le dijo a la maestra “quiero hacerme mayor y cuando mi papá salga de la cárcel lo voy a matar”
Al poco tiempo de poder ser educado en los principios del amor de Dios y tratado con el respeto que nunca tuvo antes, se apreciaron en él muy buenos cambios.
Un sábado de tarde, llevé a todos los niños a un tajamar (pequeño lago de agua de lluvia embalsamada), para sacarles fotos y divertirnos, Víctor se mostró conmigo muy amable y servicial, hasta el punto que me insistió en llevarme las fundas de las cámaras para que no me molestasen y pudiera tener mejor movilidad y yo se lo agradecí.
Fue muy interesante el regreso, él me observaba continuamente y después de cantar canciones de los niños y pasarlo bien juntos nos despedimos. El Lunes de mañana yo me marchaba de ese lugar y al despedirme de todos, la profesora de Víctor se me acercó para decirme algo: ¡ sabe una cosa Don Antonio! Víctor me ha dicho que quiere que su papá salga de la cárcel para que él también aprenda de Jesús que ya no lo quiere matar.
¡Imagínense la alegría con que yo salí de aquel lugar! unas pocas semanas y los niños aprenden a valorar lo que se hace con ellos, descubren el valor del amor genuino, y es entonces cuando me di cuenta que yo no podía abandonar este trabajo.
Debo reconocer que hasta ese momento todo lo que había hecho a favor de los niños mas necesitados, tenía diferentes componentes, lo que sentía era una mezcla entre aventura, descubrir cosas nuevas y darle un nuevo sentido a mi vida.
A partir de aquella experiencia me di cuenta que “con un poco de mi esfuerzo uniéndolo al poder divino, se pueden producir milagros en los corazones de cientos de niños que viven ahora sin esperanza”
¿Entienden ahora porque hay personas trabajando y dedicando un poco de su tiempo a esta causa? Internacional Children´s Care (I.C.C. España) tiene el propósito de seguir adelante desarrollando proyectos y organizando planes para mejorar en lo posible la vida de muchos niños que no tienen otra esperanza que la que le brindemos. ¿Quieres ser tú querido amigo uno mas par realizar esta bonita labor?
Únete a nuestra familia mundial, y llámanos, tú puedes ser padrino, colaborador, o socio, puedes viajar con nosotros y conocer a esos niños personalmente. Recibir mi mas sincero afecto.
Atte. Antonio Valor
Presidente de I.C.C. España.
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