“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” Mateo 6:21
No podría resumir mejor el sentimiento que embargaba mi interior al subir de nuevo al avión de vuelta ya para España, si, un cachito de mi corazón se quedaba para siempre en el Hogar “Las Palmas” en esos maravillosos “tesoros” que con su alegría y sus sonrisas, nos llenaban de energía, en sus papas y en todas las personas que trabajan y dirigen este Hogar que con su entrega nos enseñaron el verdadero “Legado de Amor”.
Pero también quedo un cachito de nuestros corazones clavado en los ojos profundos de “Júnior”, esos ojos vacíos pero llenos de mensajes, nos atraparon a todos a pesar de que no era fácil mirarlos sin estremecerte. Júnior era la “otra cara de la moneda” un niño de 13 años, un niño con un mundo interior que cautivaba, un niño cercano y a la vez inaccesible, un niño que pedía comida pero tenía hambre de amor: UN NIÑO DE LA CALLE.
Quizás este encuentro nos hizo tomar conciencia de la realidad, Júnior no estaba solo, le rodeaban un grupo de niños, que al igual que él compartían el mismo techo estrellado cada noche, y la lluvia y el frío y el hambre y ...
¡Que contraste más desgarrador ¡ Todos nos trajimos en el alma el mensaje de unos ojos “sin color” y la esperanza de otros ojos cargados de luz, que han borrado ya el dolor.
Era necesario dejar solo un cachito de nuestros corazones en este maravilloso País, porque el otro pedazo lo íbamos a necesitar aquí para no desfallecer en la lucha y en el trabajo diario a favor de estos “tesoros” que deben brillar y no apagarse en las tinieblas del olvido.
Ninguno de los que hemos viajado a República Dominicana, podremos olvidar esta experiencia que motivados para ayudar a estos niños, hemos encontrado una bonita forma de servir a Jesús, todos hemos venido con ganas de volver, todos hemos crecido un poquito más; nuestra querida Matilde perdió el miedo al agua, un gran reto para ella y para todos, si tenemos en cuenta nuestro emocionante trayecto en “patera”; Mamén dio ejemplo una vez más de su compañerismo, bondad y serenidad, Cristina encontró el sabor dulce de las lagrimas, Antonio el capitán del equipo nos arropo y cuido hasta el final, RosaMari aporto la sencillez y la belleza de lo espontáneo y yo como siempre me alimente de lo bueno de todos ellos, del cielo, del mar y sobre todo del gran amor en los ojos de mi hermosa ahíjada “Yarinet”.
CHUS SERRANO
Secretaria de ICC ESPAÑA
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