
Ken & Alcyon Fleck
Después del devastador terremoto de Guatemala en 1976 recibí una llamada de teléfono del señor Folkenberg, un consejero parroquial, desde Guatemala. “Unos 5000 niños se han quedado sin casa. Hemos recibido una donación de $ 40000 para construir un orfanato y necesitamos un director que tenga experiencia con niños. ¿Podrías ayudarnos?”
Un reto tentador pero significaría un cambio radical en nuestras vidas. Le hice dos preguntas: “¿qué tipo de orfanato tienes en mente? y ¿cómo se van a cubrir los costes operacionales?”
“Tenemos una escuela misionera con mucho terreno. Supongo que nosotros deberemos proveer otros dormitorios. En cuanto a los costes busca simplemente padrinos para los niños.”
Pero cuando le conté que tal orfanato no me interesaba, me preguntó si tenía alguna otra sugerencia.
Él sabia de mi interés por niños abandonados de la época que trabajamos juntos como misioneros. Le conté sobre lo que había leído en la revista Welfare Ministry, que niños que habían sido abandonados debían de ser acogidos en familias cristianas. “Yo construiría casas de 10 hasta 12 niños, una especie de aldea infantil”.
Él me contestó: “¡Eso es lo que vamos a hacer!”
La dirección predestinada de Dios en nuestra decisión está descrita en mi libro “A Leap of Faith” publicado por “Review and Herald”.
El resto es historia. Hace 27 años un grupo de devotos laicos del noroeste de América se reunieron y fundaron International Children´s Care. La primera casa se construyó con los $ 40000 y el resto lo proveyó Dios. La primera niña que acogimos se estaba muriendo de disentería. Sus cinco hermanos y hermanas menores habían muerto de esta enfermedad. Construimos más casas pero no lo suficientemente rápido para poder acoger a los niños a tiempo. Al principio acogíamos a niños victimas del terremoto pero rápidamente llegaron también niños que habían perdido a sus padres durante la guerra civil. La base militar del norte se trasladó al territorio de nuestra escuela misionera y el comandante se apuró en traernos a las pequeñas víctimas de la guerra.
Un día nos trajeron a tres niños de 2, 4 y 6 años de edad. “Su padre, un amigo mío, ha sido asesinado por un rebelde y han secuestrado a su madre”, dijo el hombre que trajo a los niños. “Sus vecinos han encontrado el cuerpo sin vida del padre y nos han traído a los niños. Somos amigos de la familia”.
Es difícil imaginar la tristeza y el trauma de esos niños. Se les tuvo que dar consuelo, así como una casa, comida, cariño, seguridad y educación. Pero lo más importante es que iban a conocer a su Padre en el cielo, que es un Padre para los que ya no tienen padres.
El culto de adoración de la mañana y de la tarde forman parte del programa diario en las casas. En poco tiempo tuvimos una “iglesia de niños” con una construcción típica de bambú con un púlpito y bancos. Esta imagen original de una aldea infantil se convirtió en seguida en el patrón para cada proyecto de ICC en todo el mundo -y de verdad es “Internacional”. El modelo de una familia ha demostrado que es lo que más se parece a la imagen ideal de una familia biológica. Los niños ya no se sienten huérfanos. La gente nos pregunta a menudo: “¿Cuánto tiempo cuidáis de los niños?”, a lo que nosotros respondemos: “Se van cuando pueden valerse por sí mismos, al igual que cualquier otra familia . Esta es su casa.”
La primera boda en este terreno fue un acontecimiento fantástico. La novia, licenciada en una universidad de Costa Rica, se casó con un estudiante de teología. Insistió en que la boda se celebrara en la selva de la aldea infantil Los Pinos porque esta era su hogar. En ese momento habían 12 casas llenas de niños, una escuela de enseñanza primaria con cuatro maestros y una escuela de enseñanza secundaria con más de 300 estudiantes, una escuela de la Misión de la cual ICC se había hecho cargo.
© Copyright 2006-2007 Stichting Internationale Kinderhulp, The Netherlands